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Me gusta practicar asanas que sean amables con mi cuerpo, siento que cuando aprendemos a escucharnos nos damos cuenta que menos es más y que una postura sencilla puede darnos más beneficios que una complicada, siempre que la intención sea la de escuchar, observar y permitir la guía interna.

Igualmente podemos darnos cuenta en la medida que avanzamos en la practica, que nuestro cuerpo nos va a pedir un asana diferente, pero no ocurre desde la exigencia, sino desde la evolución de permitir el proceso.

Al despertar, para mí lo mejor es comenzar el día siendo consciente de mi respiración y las asanas me ayudan de una forma activa a llevar la atención a ella, a la vez que me ayuda en la construcción, alineación y sentir del asana.

Por eso lo primero es sentarme en postura de meditación, acompañar con un Mudra y activar la respiración, luego estirar el cuello, para luego continuar con la escucha de mi cuerpo despertando poco a poco, haciendo torsión de mi espalda, luego un poco de equilibrio, para estirar tanto la parte posterior como la anterior y finalizamos abrazándonos, reposando y sosteniéndonos para sentir nuestra energía y observar nuestra mente con una postura de la que estoy enamorada como el embrión o Balasana.

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